Es indudable que durante los últimos diez años se ha producido un cambio sin precedentes en la manera de trabajar de todas las empresas implicadas en las actividades de la construcción en España, cambios que conllevan inevitablemente un nuevo modo de entender la formación que ha de ofrecerse a los futuros profesionales de este sector para el que el papel de las Universidades es clave. 

Las necesidades de un mundo cada vez más complejo hacen necesario ajustar el modelo educativo, dando cabida a la formación en competencias transversales

Las empresas españolas, tanto de construcción como de consultoría, han pasado de trabajar en un entorno prácticamente autárquico al que no accedía ningún competidor que no fuera local, a tener que luchar por acceder a contratos en mercados situados en los cinco continentes. 

Igualmente, hasta ahora en la mayor parte de los casos se ofertaba únicamente el desarrollo de los proyectos o su construcción, mientras que ahora en muchas ocasiones es preciso incluir junto a ellos la financiación y la explotación de las infraestructuras, tanto para clientes públicos como privados. Todo ello adaptándose en un tiempo récord a nuevas maneras de hacer basadas en reglas técnicas, económicas y legales muy diferentes.

El resultado de esta década de cambios precipitados es mucho más que esperanzador y prueba de ello es la posición que nuestras empresas ocupan en el panorama internacional. Es de sobra conocido el hecho de que las empresas españolas de construcción ocupan posiciones de liderazgo en el mercado de las concesiones a nivel mundial y que todas nuestras grandes empresas están desarrollando proyectos de gran envergadura en los cinco continentes. Países con potencial industrial indudablemente superior al nuestro apelan al trabajo de nuestras grandes empresas constructoras para desarrollar sus nuevas infraestructuras en un contexto de fuerte competitividad no sólo a nivel de precios sino de calidad del producto final. 

Sin ninguna duda las inversiones necesarias en infraestructuras en la mayor parte del mundo van a seguir siendo muy amplias. A pesar del desarrollo digital, lo físico continuará teniendo un papel preponderante para permitir el desarrollo global de las sociedades y mejorar las condiciones de vida de los habitantes de una gran parte del planeta. La movilidad de los ciudadanos, de las materias primas y de los productos manufacturados no puede ser sustituida por los intercambios digitales. Prueba de ello son los multimillonarios planes de desarrollo de infraestructuras en los países latinoamericanos en los que la experiencia de nuestro sector de la construcción debe jugar un papel muy activo.

Mientras tanto, en Europa y Norteamérica entraremos de lleno en la época del mantenimiento de las infraestructuras construidas en la segunda mitad del siglo XX con tecnologías y materiales menos avanzados que las actuales. Nuestros puertos necesitan mejorar su capacidad, el transporte ferroviario de mercancías sigue sin tener la agilidad y la permeabilidad en el territorio que sería deseable y nuestra red de transporte por carretera presenta todavía algunos desequilibrios que es necesario corregir. 

Además, se seguirán desarrollando promociones inmobiliarias y de servicios que incluirán el mantenimiento y la explotación de las mismas y que por tanto deberán ser planteadas y evaluadas desde la perspectiva del largo plazo.

Uno de los sectores en los que nuestro tejido ingenieril tiene todavía una asignatura pendiente es el de las grandes empresas de consultoría. El modelo español predominante hasta ahora ha sido el de las pequeñas empresas de consultoría con menos de cien empleados y muy especializadas en cada una de sus áreas de conocimiento. Este modelo empresarial parcelado difícilmente nos va a permitir jugar un papel activo en un escenario internacional en el que se le pide a un consultor único y multidisciplinar resolver globalmente todos los problemas de los clientes sin perder de vista la necesaria respuesta a la responsabilidad civil de nuestros proyectos, cada vez más compleja e intensiva.

La calidad de la formación técnica y la capacidad de trabajo de nuestros ingenieros y arquitectos está ampliamente reconocida en todo el mundo. Esta es una buena noticia en un momento en el que la necesidad de profesionales en el mercado interno supera a la oferta de egresados en nuestras universidades. Sin embargo, las necesidades de un mundo cada vez más complejo hacen necesario ajustar el modelo de formación, dando cabida a la formación en competencias transversales que tendrán que superponerse a las puramente técnicas. Será necesario hablar fluidamente otros lenguajes, además del idioma inglés, como el financiero, el legal o el del trabajo en equipos multidisciplinares para poder seguir defendiendo los intereses de las compañías españolas.

También será necesario un impulso a nivel global en el que administraciones y empresas privadas sean conscientes de la necesidad de desarrollar tecnologías de futuro en el entorno de la obra pública y la edificación. El desarrollo de nuevos materiales que sean más durables o la gestión inteligente de infraestructuras deben estar en nuestra lista de prioridades. Una vez más, será necesario que se levanten las barreras entre profesiones y que se trabaje aunando esfuerzos.

Sin duda las perspectivas de futuro son optimistas pero sólo para los profesionales y los colectivos que estén preparados para una revolución copernicana del aparentemente inamovible mundo de la obra pública y la edificación.

Miguel Gómez Navarro

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